Autores: Miguel Martín Echarri, Mario Alaguero Rodríguez y Andrea Martín García.
Cuando hablamos, producimos sonidos poniendo en marcha un conjunto de órganos que difícilmente podríamos situar o gobernar de manera consciente sin un aprendizaje específico. Salvo en el caso de los labios y los dientes incisivos, las acciones necesarias para producir el habla tienen lugar fuera de la vista, y hemos aprendido a realizarlas sobre todo a partir de la imitación del sonido (como los loros) y mediante un largo proceso de aprendizaje con éxitos y fracasos comunicativos. Por eso, cuando necesitamos explicarle a alguien cómo realizamos este o aquel sonido (en la enseñanza de lenguas extranjeras, por ejemplo) tenemos enormes dificultades para hacernos entender, y muchas veces en realidad estamos diciendo cosas que se alejan terriblemente de lo que ocurre en nuestros órganos articulatorios: de los dientes para adentro, debemos asumir que no nos conocemos bien.
Muchos especialistas han trabajado en definir las acciones que realiza la mayoría de la población que habla cada una de las lenguas, acciones que se relacionan con los sonidos que pueden grabarse y analizarse en tanto que un fenómeno acústico. Los fonetistas tienen los medios para describir detalladamente esos movimientos realizados en nuestro interior: técnicas como el electropalatograma, el laringoscopio, la resonancia magnética, etc. Hoy quedan pocas dudas sobre los aspectos generales de lo que realmente ocurre cuando producimos este o aquel sonido, y la ciencia avanza detallando poco a poco esa realidad, en términos de variedades lingüísticas, o de estadísticas sobre las variaciones que tienen lugar según las circunstancias del habla o los sujetos implicados. Pero para la población no especializada el mundo «subdental» sigue siendo un misterio, como compruebo año tras año en las clases de Fonética y fonología españolas. Cada estudiante de primero del Grado en Español se sorprende siempre cuando aprende cuáles son los movimientos de la lengua que realiza para producir los sonidos de una palabra. En gran medida, es un proceso de derribo de prejuicios: nuestra educación se basa en la escritura, y damos por supuesto que cada letra tiene un correlato sonoro, cuando lo cierto es que las unidades del habla (que no siempre coinciden con las letras de nuestra ortografía, pensemos en la «h», la «v» o la «qu») se manifiestan en forma de infinitas realizaciones, que pueden sistematizarse hasta cierto punto. Deben asimilar que la unidad /n/ (que distingue una palabra como «sano» de otras como «sapo», «saco», etc.) puede pronunciarse de maneras muy diferentes según la posición en que aparezca: cualquiera puede probar a decir, deprisa pero atentamente, «envase», «enfado», «encima», «entrada», «enlace», «enyesar», «enclave». Notará cómo la posición de la lengua va retrasándose en la «n» de cada palabra.
Lo deseable sería disponer de un sistema de Resonancia Magnética para que cada estudiante pudiera filmar los movimientos de sus propios órganos articulatorios mientras habla con normalidad, como los ejemplos que pueden verse en este enlace. Pero la Resonancia Magnética es una tecnología muy cara, disponible en muy pocos centros, que requiere para su manejo recursos humanos altamente cualificados y materiales muy costosos, por lo que actualmente está solo disponible en centros sanitarios y su uso es casi exclusivo para el diagnóstico clínico.

Esa es la razón por la que se vuelve especialmente valiosa una herramienta como PronunciApp, que puede descargarse gratuitamente en este enlace de Google Play o escaneando el código QR (Figura 1): la hemos preparado en colaboración el Área de Lengua Española y el Centro Ítaca de la Universidad de Burgos: una aplicación que permite seleccionar un fonema (las unidades mínimas de la lengua, como /n/, /p/, /t͡ʃ/, /a/), escoger entre las posibles variantes (alófonos) que se despliegan para que un perfil articulatorio virtual la realice. Lo que muestra la imagen es el conjunto de movimientos que realizan los órganos articulatorios en una representación de un corte sagital de la cabeza y el cuello (mostrando el plano por el que se divide imaginariamente la cabeza en sus mitades derecha e izquierda, como se ve en la figura). Cada parte significativa de esos órganos aparece asociada a un color para que sea fácilmente distinguible de las áreas vecinas, porque desde el punto de vista lingüístico algunas de esas pequeñas diferencias de posición pueden ser muy relevantes a la hora de distinguir palabras con significados diferentes, aunque otras veces distancias mayores puedan no tener ninguna importancia y pasarnos totalmente desapercibidas a los hablantes.

La imagen de partida es la que aparece en la figura 2: en ella podemos ver la lista de 24 fonemas, pinchando sobre uno de los cuales se desplegarán las variantes alternativas. Si escogemos una de ellas y luego pinchamos en «Reproducir» veremos cómo los órganos se mueven al mismo tiempo que oímos una grabación del sonido que se relaciona con esos movimientos. Por ejemplo, si pinchamos en /d/, nos encontraremos con que sus alófonos son [d] (oclusivo) y [ð] (fricativo), como puede verse en la figura 3.

Una vez que se han desplegado sus alófonos, podemos seleccionar uno de ellos, como ocurre si probamos con el oclusivo [d] (Figura 4). La descripción según los cuatro rasgos articulatorios será: oclusiva dental sonora oral.

Ahora vamos a probar con otro fonema, /n/. En este caso, los rasgos comunes a todos sus alófonos son: oclusiva nasal sonora; pero cada una de las diferentes realizaciones puede ver modificado su lugar de articulación. En PronunciApp, si pinchamos sobre él, se despliegan esas variantes principales, las que dependen de los fonemas vecinos, en este caso, dependen del fonema que vaya detrás de /n/ (Figura 5).

Una de esas variantes es la que aparece cuando decimos el fonema /n/ antes de una consonante velar, como ocurre en «engatusar» o «en Cuenca»: la lengua se retrae hasta tocar con el paladar en su parte posterior, como en la figura 6. Se trata de una articulación oclusiva nasal sonora velar.

Pero otra variante es la que se manifiesta cuando el fonema /n/ va seguido por una consonante interdental, como en «incienso», o «encerado»: se trata entonces de una articulación oclusiva nasal sonora interdental (figura 7).

Naturalmente, aquí no podemos reproducir los movimientos que la aplicación realiza en cada caso, ni tampoco el sonido de todas estas articulaciones, que sí encontrará quien descargue la aplicación y pruebe a jugar con ella un rato. Esa es la principal ventaja que puede ofrecer esta herramienta frente a los dibujos estáticos, muy frecuentes en las publicaciones de fonética. Además, generalmente estas renuncian a ofrecer un planteamiento sistemático que permita asimilar con claridad todo el repertorio de posibilidades del español, y suelen obviar aspectos que son muy importantes para la definición de los fonemas pero que no pueden representarse con claridad en una imagen que se limite a criterios anatómicos: principalmente, la vibración de las cuerdas vocales; en PronunciApp se puede ver en ellas un claro movimiento de vaivén (necesariamente ralentizado frente a la frecuencia que presentan las cuerdas vocales en la realidad del habla). En otros casos, los perfiles articulatorios no tienen en cuenta la acción del velo del paladar, que se separa de la pared faríngea en el caso de los sonidos nasales o nasalizados; en PronunciApp hemos recogido esto en un movimiento simultáneo del velo, como puede verse si se comparan la figura 4 (oral) con la 6 y la 7 (nasales).
Frente a plataformas anteriores con propuestas en la misma dirección, como Soundsofspeech, PronunciApp no se limita a ofrecer el repertorio de sonidos del español, sino que los ordena en torno a los fonemas correspondientes. Además, en varios aspectos nos hemos esforzado por conseguir una mayor definición en algunos aspectos que pueden ser muy relevantes, como distinguir con claridad los casos en que hay contacto entre los órganos y aquellos otros casos en que queda un mínimo canal de aire.
En definitiva, nuestra propuesta puede ser de enorme utilidad para cualquiera que desee entender mejor el funcionamiento de los órganos articulatorios en el ámbito del español: eso implica necesariamente a estudiantes de la asignatura Fonética y fonología españolas, pero también a docentes y aprendientes de español como lengua extranjera, otorrinolaringólogos, foniatras, logopedas y sus respectivos pacientes, entre otros grupos de personas que pueden preocuparse por este fascinante ámbito del conocimiento.
Este artículo ha participado en el VII Concurso de Artículos de Divulgación Científica de la Universidad de Burgos.


