Autora: Ana Casquete Díez


 “El objetivo del futuro es el pleno desempleo para que podamos jugar”  Arthur C. Clarke (1917-2008)        

«Fue un trabajador ejemplar»

¿Elegiría este epitafio para usted? ¿Cree usted que al final de su vida se lamentará de no haber trabajado más para haber podido tener el carísimo último modelo de dispositivo electrónico? ¿o tal vez para que los demás pensaran “¡qué persona tan trabajadora!”?

La finalidad del trabajo

¿Por qué trabajamos? ¿Para qué trabajamos? El trabajo no es un fin en sí mismo. Necesitamos trabajar para producir bienes que cubran nuestras necesidades, sí. Y los seres humanos somos activos, nos gusta hacer, crear, avanzar… pero a nuestro ritmo, sin agobios… En la sociedad actual, la mayoría de las veces el trabajo resulta estresante porque siempre estamos en el cuanto más… mejor. Más consumo de productos materiales, más aparatos tecnológicos, más viajes, más rápido, más lejos… y ¡así no queda otra!, más horas de trabajo.

Más… ¿mejor? ¿No estaremos equivocando el rumbo? Ya… ya sé: ¡que no tenemos tiempo para pararnos a pensar… que no tenemos tiempo para pensar cómo queremos vivir! Si, consciente o inconscientemente, ha sentido orgullo al decir “no tengo tiempo para nada”, tal vez sea momento de parar.

Consumismo sin sentido

En el último siglo, y aún más en las últimas décadas, el progreso tecnológico ha conseguido mejoras en la productividad del trabajo. Así que, como sociedad, cada vez necesitamos menos tiempo de trabajo para producir los bienes y servicios que satisfacen nuestras necesidades. ¡Qué buena noticia! ¿no? Se nos abre la posibilidad de disponer de más tiempo fuera de las obligaciones del trabajo. Al fin y al cabo hemos dado por supuesto que la carrera continua por el progreso tecnológico aplicado al trabajo tiene como una de las finalidades principales permitirnos disfrutar de más tiempo libre. Nos hemos despistado por el camino y sorprendentemente, la posibilidad de trabajar menos y tener más tiempo libre se ha traducido en consumo superfluo y altas tasas de desempleo. Bajo estas circunstancias, tal y como señala Alcott (2010), la escasez de empleo se ha convertido en un problema más importante que la escasez de productos.

Y así los avances tecnológicos se traducen en aumento de la producción sin sentido, en consumismo y aumento de las desigualdades sociales. Este planteamiento resulta poco lógico tanto desde el punto de vista de la sostenibilidad medioambiental como del bienestar social.

Se trata de un problema que podemos solucionar, como dice Aznar (1994, p. 31), inventando “otro sistema repartidor del trabajo, otro sistema para distribuir los ingresos”.

Reducir el tiempo de trabajo

Sin embargo, no parece que un proyecto de reducción del tiempo de trabajo (RTT) sea considerado prioritario en nuestra sociedad. Nos preguntamos cuáles son los obstáculos para intentar encontrar maneras adecuadas de reducirlos.

Comencemos por las empresas. Hay costes para la empresa que aumentan a medida que se contrata un mayor número de trabajadores: básicamente son los correspondientes a los procesos de selección de personal y a la formación de los trabajadores. Además, los costes a la Seguridad Social suelen suponer una cuantía fija por trabajador, independientemente de las horas trabajadas, lo que supone un incremento de costes para la empresa si se realizase una RTT que implicase un aumento del número de trabajadores.

Pero la influencia de la RTT sobre los costes depende no solamente de los cambios en los salarios pagados sino también de los cambios en la productividad, ya que si se producen aumentos en la productividad, la empresa podría mantener los mismos salarios por trabajador sin que los costes salariales por unidad de producto se vieran afectados.

Según Kallis y otros (2013, p. 1554), en varios países, recientes reducciones del tiempo de trabajo han dado lugar a ganancias de productividad significativas. Así, por ejemplo, se predijeron ganancias de productividad de aproximadamente un tercio del porcentaje de reducción de horas de trabajo en el paso de 40 a 35 horas en Francia. Y el Instituto Alemán para la Investigación Económica estimó una ganancia de productividad de uno a dos tercios del porcentaje de reducción de horas durante la transición de la industria de ingeniería de 40 a 35 horas en los años 80. En Alemania, las expectativas fueron sobrepasadas por los hechos. El menor cansancio de los trabajadores que trabajan menos horas, puede hacer que su rendimiento sea mayor.

La RTT implica una reorganización del trabajo y, por ello, un esfuerzo de gestión por parte de la empresa. No obstante, si se une a una mayor flexibilidad podría generar efectos positivos también para la empresa en términos de mayor adaptación a los cambios en la actividad económica.

Una cultura del trabajo desnortada

En resumen, las razones que inducen a los empleadores a oponerse a esta medida son el posible aumento de los costes y también la previsible dificultad del establecimiento de cambios organizativos. En cuanto a los trabajadores, pueden mostrarse preocupados por las consecuencias de reducción de salarios que podría conllevar una reducción de su tiempo de trabajo. Si se mantiene el salario por hora, pueden temer que una reducción de su salario total disminuya su nivel de vida. Esto tiene especial importancia para los trabajadores de más bajos niveles de salarios, puesto que un aumento del tiempo libre no será apreciado por quienes no puedan utilizarlo satisfactoriamente cuando se reduce su nivel de ingresos.

Además, existe una cultura del trabajo que perjudica la consideración de la RTT como un factor de mejora de la calidad de vida. Como afirma Recio (1998, p. 225), “las largas jornadas de trabajo no sólo reflejan la voluntad de alcanzar unos niveles de consumo socialmente normalizados, sino que se producen en muchos casos por la presión a la que están sometidas muchas personas en un sistema social jerarquizado y competitivo que premia el “trabajo duro…incluso cuando no tiene sentido, convirtiéndolo, cuando se trata de un trabajo considerado cualificado, en un símbolo de prestigio”.

El enfoque del decrecimiento

Dentro del enfoque del Decrecimiento (La propuesta de la Teoría del Decrecimiento consiste en una reducción planificada de la producción y el consumo materiales para lograr la sostenibilidad medioambiental y el bienestar equitativo), la reducción y reparto del tiempo de trabajo debe centrarse prioritariamente en los objetivos de bienestar humano equitativo y sostenibilidad medioambiental. Por ello, debería verse acompañada de un reparto de las ganancias de productividad.

Fuente: Degrowth

Pero no todos los trabajadores se encuentran en la misma situación económica en cuanto a poder soportar una reducción de ingresos. Tampoco todas las empresas. Por ello, deberíamos considerar una aplicación de esta política de manera que produzca efectos diferenciados en función de los distintos niveles de rentas.

Y así, sería deseable al menos en parte, una financiación pública a través de una reforma del sistema fiscal que responda en mayor medida a la capacidad de pago de los contribuyentes, es decir un sistema más progresivo para repartir el coste económico de la propuesta de forma socialmente equitativa entre todos los ciudadanos.

Convendría asimismo llevar a cabo una negociación colectiva a nivel nacional y también a nivel de empresa para poder tener en cuenta el conocimiento de la situación y del funcionamiento concreto de cada tipo de actividad/empresa. La adaptación a una nueva organización por la reducción y reparto del tiempo de trabajo se vería beneficiada por la colaboración entre los gestores empresariales y los trabajadores.

Este planteamiento parece tener también sentido cuando, como ocurre actualmente, los incrementos de productividad debidos a los avances tecnológicos no son fácilmente asignables a empresas concretas o a avances tecnológicos aislados. Los aumentos de productividad son consecuencia de diversos y variados avances tecnológicos actuando conjuntamente. Sería razonable entonces considerarlos como un incremento de productividad a nivel de toda la sociedad y, por tanto, sería razonable también que el sujeto beneficiario fuera la sociedad en su conjunto. Y es fundamental replantearnos una cultura del trabajo que nos impulsa a vivir para trabajar. El trabajo remunerado debe ser un medio, no un fin. Por ello, resulta conveniente la organización de acciones encaminadas a lograr un cambio de mentalidad en cuanto a nuestra consideración del trabajo, acompañado de una reducción del consumismo, propiciando así actitudes favorables a la aceptación de la propuesta. Y aquí nos encontramos con la importante influencia de los educadores y de los medios de comunicación.

Ingredientes para una buena vida

Los científicos sociales afirman y nosotros por experiencia intuimos que, para tener una buena vida, sí, tenemos que tener las necesidades más básicas cubiertas, pero a partir de ahí, tener relaciones significativas y tiempo para nosotros mismos es lo que más nos acerca a la aspiración que todos tenemos de sentirnos satisfechos con nuestras vidas.

No, no lo creo… Al final de nuestra vida no nos lamentaremos de no haber dedicado más esfuerzo al trabajo y haber consumido más bienes superfluos, sino de no haber dedicado más tiempo a las personas que queremos… Quizás una buena vida consiste en crear redes de solidaridad basadas más en la ayuda mutua que en la competitividad, en pasar más tiempo cerca de donde vivimos, moviéndonos más lentamente y más conscientemente.

Esto, que puede ser mejor para nuestra vida, también es más sostenible, también contribuye a preservar este hogar maravilloso que es nuestro planeta.

Referencias

1. Enough Job Losses: Securing Employment. En: O’Neill D., Dietz R. and Jones N. (eds.) Enough is Enough. Ideas for a Sustainable Economy in a World of Finite Resources. The Report of the Steady State Economy Conference, pp. 80-86. Alcott, B. (2010). https://steadystate.org/wp-content/uploads/EnoughIsEnough_FullReport.pdf

2. Trabajar menos para trabajar todos. Aznar, G. (1994). Madrid: Ediciones HOAC.

3. The why and how of working time reduction. Spiegelaere, S. y Piasna, A. (2017). ETUI (European Trade Union Institute)

4. Friday off: Reducing Working Hours in Europe. Sustainability 5, págs: 1545-1567. Kallis, G. y otros (2013)

5. Reducción de la jornada de Trabajo y empleo: interrogantes en torno a una consigna popular. En Armeni, R. et al. El libro de las 35 horas. Barcelona: El Viejo Topo, págs. 197-227. Recio, A. (1998)


 Artículo participante del VIII Concurso de Artículos de Divulgación Científica de la Universidad de Burgos.

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