Autora: Amaya Rojo Fernández
El estudio diseñado bajo el nombre CIDS (COVID-19 Infectious Disease Study en inglés) tuvo como objetivo reclutar a individuos infectados por SARS-CoV-2 y a sus convivientes dentro de la misma unidad doméstica, para conocer cómo se estaba transmitiendo el virus
El reto científico de la pandemia
Es muy probable que tengamos recuerdo de cómo estábamos hace cinco años. Puede que pistas como gel hidroalcohólico o confinamiento nos hagan transportarnos a esos momentos de incertidumbre. Pero, como muchas veces se ha dicho, es en los momentos difíciles cuando la gente saca lo mejor de sí. Hace unos días, con el apagón, veíamos a vecinos alrededor de un coche escuchando las noticias por la radio. Hace cinco años, nos reuníamos a las 8 en nuestras ventanas para agradecer la maravillosa labor de todos los sanitarios y ciudadanos que remaban a contracorriente. Lo que está claro es que la población española, y en este caso burgalesa, supo responder con unidad y solidaridad, aportando su granito de arena en ese enigma con el nombre de pandemia de COVID-19. Tras el brote de SARS-CoV-2 en Wuhan, China, el mundo se paralizó. La comunidad científica comenzó una carrera de sprint, con la intención de encontrar respuestas y soluciones en el menor tiempo posible. Si bien es cierto que se habían vivido escenarios parecidos en el pasado, como la epidemia de gripe en 1918, se trataba de un nuevo reto para los investigadores y la ciudadanía.
Para avanzar hacia el desarrollo de una vacuna eficaz, es imprescindible conocer a fondo el patógeno al que nos enfrentamos. En el caso del SARS-CoV-2, implicaba entender qué lo hacía tan transmisible, los factores que determinaban la gravedad de la enfermedad y por qué algunas personas permanecían asintomáticas mientras otras desarrollaban síntomas severos, entre otras cuestiones aún en estudio. Para responder a estas preguntas, es esencial poder conocer lo que ocurre en el sistema inmune de personas que han estado expuestas al virus. Las muestras biológicas de estos individuos -como sangre o saliva- permiten conocer cómo reacciona el organismo ante la infección, identificar marcadores biológicos, comprender los mecanismos de respuesta al virus y explorar posibles vías de tratamiento.
Sin embargo, para entender el comportamiento de una enfermedad a nivel poblacional y cómo evoluciona en distintos grupos sociales, entra el juego la epidemiología. Esta disciplina estudia la distribución de las enfermedades, los factores que la causan o agravan y como pueden prevenirse. Mediante el análisis de datos biológicos, clínicos y sociodemográficos tiene como finalidad el encontrar patrones de relación entre salud, ambiente y estilo de vida.
¿Qué son los estudios de cohortes?
Una herramienta fundamental de la epidemiología son los estudios de cohortes, que consisten en seguir durante un periodo de tiempo a un grupo de personas con características comunes, en este caso, haber estado expuestas al SARS-CoV-2. Estos estudios permiten generar hipótesis clave para la investigación médica. A partir de los datos obtenidos en estos estudios, es posible identificar factores que influyen en la susceptibilidad, la gravedad o la protección frente a la enfermedad, lo que proporciona información clave para orientar futuras estrategias de prevención, incluido el diseño y desarrollo de vacunas más eficaces.
CIDS: un estudio desde los hogares
En marzo del 2021, cuando la variante alfa de SARS-CoV-2 estaba circulando entre la población, se puso en marcha un estudio de cohortes en Burgos, contando el esfuerzo conjunto de la Universidad de Burgos, el Hospital Universitario de Burgos, el Hospital Monte Sinaí en Estados Unidos y los vecinos burgaleses. El estudio, diseñado bajo el nombre CIDS (COVID-19 Infectious Disease Study en inglés), tuvo como objetivo reclutar a individuos infectados por SARS-CoV-2 y a sus convivientes dentro de la misma unidad doméstica, para conocer cómo se estaba transmitiendo el virus y si había alguna característica común que hiciera que la gente se infectara, permaneciera sana o asintomáticos.
Para ello, tras notificar al sistema de salud un caso positivo de COVID-19 en algún miembro de una familia participante, un equipo sanitario acudía al domicilio para recoger muestras biológicas a todos los integrantes de esta. Esta recogida se realizaba el mismo día de inclusión en el estudio y se repetía 3, 7 y 28 días después. El tener muestras tomadas a diferentes tiempos tras la infección y/o exposición al virus permitiría realizar diversos análisis con los que poder conocer en profundidad cómo reaccionaba el sistema inmunitario a la infección y a la exposición al virus con el paso del tiempo. Una vez recogidas, las muestras se trasladaban al Hospital Universitario de Burgos, donde eran procesadas y almacenadas antes de enviarse a Estados Unidos, donde el equipo colaborador liderado por el virólogo burgalés Adolfo García-Sastre se encargaría de la parte experimental del análisis. En total, participaron voluntariamente 52 familias, con un total de 192 personas y edades comprendidas entre los 5 y 92 años (Figura 1).

La gran implicación de la población burgalesa fue clave para el avance de este proyecto. Gracias a su colaboración se han logrado datos fundamentales en el ámbito de conocimiento del SARS-CoV-2, observando que todos los individuos que permanecieron negativos a lo largo del estudio tenían anticuerpos preexistentes específicos frente al virus y demostrando el rol protector de esos anticuerpos. Estos hallazgos no solo amplían nuestro conocimiento sobre la respuesta inmunitaria, sino que también aportan información valiosa para definir los umbrales de inmunidad protectora y orientar el desarrollo de futuras vacunas. Los resultados científicos obtenidos de este estudio están siendo presentados en conferencias internacionales y serán próximamente publicados. Este trabajo comenzó para mí con la recogida y el procesamiento de muestras en marzo de 2021 en el Hospital Universitario de Burgos, y a día de hoy forma parte de mi tesis doctoral que estoy desarrollando en el Hospital Monte Sinaí, en Nueva York; una aventura que me ha permitido crecer tanto científica como personalmente.
La colaboración de ciencia y sociedad
Trabajos tan apasionantes como este nos permite ser conscientes que el conocimiento científico no avanza en solitario. La participación de la población en los estudios epidemiológicos es fundamental para entender y enfrentarnos a los desafíos que afectan a nuestra salud colectiva. Gracias a quienes deciden formar parte de proyectos como este es posible obtener datos valiosos que orientan a decisiones clave e incluso salvan vidas. Por eso, animo a la ciudadanía a seguir colaborando en el futuro, confiando en que cada pequeña aportación suma y fortalece esa alianza esencial entre ciencia y sociedad.
Artículo participante del VIII Concurso de Artículos de Divulgación Científica de la Universidad de Burgos.


