Autor: Rafael Pontes Velasco.
El adagio una imagen vale más que mil palabras desconcierta a lingüistas y poetas. Las personas que estructuramos el mundo en torno a la lengua experimentamos dificultades a la hora de reconocer que los recursos previstos por nuestro sistema lingüístico no abarcan todas las interpretaciones que ofrecen las situaciones cotidianas. Si bien sabemos que existen diferentes grados de conciencia lingüística entre los hablantes, no deja de sorprendernos la diversidad de concreciones en la que desemboca el empleo de las herramientas del idioma. La amplitud de los usos de las palabras en distintos contextos nos lleva a adoptar una actitud flexible –y humilde– ante nuestro conocimiento del español.
La imagen libera, la palabra acota. Cuando observamos una fotografía, un cuadro o un paisaje, son múltiples –y, en cierto modo, indefinibles– las sensaciones que suscitan estos textos visuales. Si a las imágenes les conferimos un título, precisamos –también reducimos– nuestra manera de acercarnos a ellas. La capacidad de delimitación que posee la palabra es efectiva en el registro escrito, pero resulta más limitada –nunca mejor dicho– en el oral. Veámoslo.
En el prólogo de Nueva gramática de la lengua española, la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española explican que “la gramática estudia la estructura de las palabras, la forma en que estas se enlazan y los significados a los que tales combinaciones dan lugar” (2010: 3). Esta descripción conlleva que se ocupe esencialmente de la morfología, que podemos comparar con el componente osteoarticular del sistema locomotor (huesos, articulaciones y ligamentos), y de la sintaxis, que equivaldría en nuestra analogía al componente muscular (músculos y tendones) en la medida en que propicia que las palabras se muevan e interactúen. La semántica, relativa a todo tipo de significados lingüísticos, y la pragmática, que atiende a los usos e intenciones de los hablantes, son necesarias para comprender la gramática aunque no formen parte de ella. Esta división entre teoría y puesta en práctica motiva que las reglas gramaticales –con restricciones morfosintácticas– experimenten escollos y descubrimientos –tan fascinantes como cuestionadores– cuando se aplican al terreno de juego de la realidad.
En el Glosario de términos gramaticales, la partícula pero se clasifica en el orden de las conjunciones adversativas. Esta clase de palabras contrapone nociones divergentes en una o varias partes, aunque resulten compatibles en el conjunto de aspectos considerados. El glosario ilustra el concepto con la frase “Está cansado pero feliz”. El Diccionario de la lengua española amplía el alcance semántico de la conjunción con una segunda acepción: “Usada a principio de cláusula sin referirse a otra anterior, para dar énfasis o fuerza de expresión a lo que se dice. Pero ¿dónde vas a meter tantos libros?”. Esta definición atiende a la utilización expletiva del término, “con un matiz de protesta o disconformidad” según indica el Diccionario del español actual de Manuel Seco et al. Con todo, se observa un tercer uso no estandarizado –y cada vez más frecuente– que registra el CORPES XXI en extractos de La Vanguardia: “contrata un matón a sueldo, pero como suele ocurrir las cosas son mucho más complicadas” o “fue ya un best-seller cuando se publicó bajo pseudónimo, pero habría sido una auténtica sensación de saberse que el autor era (…) Charles Dickens”. La Enciclopedia de ejemplos proporciona otras oraciones en las que también sería preferible emplear la conjunción copulativa y, ya que en ellas no se oponen dos cláusulas ni se manifiesta queja alguna: “los antibióticos fueron descubiertos en 1928, pero recién comenzaron a fabricarse y aplicarse en 1945” o “las personas nacidas en el año del gallo son ordenadas y un tanto excéntricas, pero poseen un gran sentido del humor”. Pero no funciona en estos casos según lo establecido por la gramática, sino como un adalid de la economía del lenguaje, generando la elipsis de un contenido amplio que se da por supuesto y cuya explicación detallada despertaría pereza tanto en el emisor como en el receptor del mensaje.
La contención de los procesos elípticos contrasta con la reiteración, pero ambos procedimientos son productivos en español. ¿Cuántas veces y con qué naturalidad habremos escuchado la innecesaria perífrasis volver a repetir? ¿Su abuso, tan expresivo, se debe a una resignificación del verbo principal, de manera que se identifica con el polisémico hacer? ¿El segmento re es una nota musical y no un prefijo que denota repetición? En el plano sincrónico los hablantes olvidamos que el origen latino de la palabra repetir es repetere `volver a pedir´, pero pocos dudan que su significado requiere que algo haya ocurrido al menos una vez. Otro caso de estrategia antieconómica se produce cuando un prefijo otorga cariz redundante a una voz, como en las formas pronominales autoculparse o autodelatarse, prefijaciones prescindibles que quizá se deban a su analogía con otras en las que el elemento compositivo auto– sí resulta relevante (autodepilarse, autolesionarse).
Las redundancias, paradójicamente, no solo contribuyen al despilfarro de palabras. El ahorro aquí no sería gramatical, sino pragmático. A fin de ganar tiempo para pensar, acudimos a muletillas que facilitan que empecemos a hablar o que nos inspire una idea brillante: el tema de…, lo que viene siendo…, lo que es… En este afán mezclamos verbos sinónimos, como en miramos a ver, o incluso distintos tiempos verbales de una sola conjugación, como en vamos a ir yéndonos. Interesantemente, las traducciones al inglés de vamos a ir yéndonos o lo que viene siendo demuestran que la lengua hace lo que puede con los hablantes, y viceversa. El traductor de Google propone We´re going to go y What has been, mientras que el Chat GPT se muestra más sensible a los matices y sugiere Let´s start leaving/ Let´s get going y What is essentially/ What can be considered. Ambos recursos digitales aportan aproximaciones holísticas –más denotativas que connotativas– a estas fórmulas redundantes, pero no traducen su expresividad ni especifican su utilidad en el registro oral. Las dificultades en la traducción se revelan como paradigma de las que experimenta la lengua para representar la realidad. Por ejemplo, ¿la oración Entre tú y yo lo hemos traducido señala que cada uno se ha encargado de una parte o que los dos hemos trabajado por igual? ¿La cooperación inherente a la preposición entre es equitativa?
Otra reiteración se observa en el sintagma chico joven, donde el adjetivo incumple la naturaleza relacional que le dicta la gramática y se convierte en calificativo; en vez de referir de manera neutra lo relativo a la juventud, cobra un valor intensificador propio de adverbios o prefijos gradativos –muy chico o superchico–, así como un significado similar a `ingenuo´ o `puro´. Se ha producido un extraño fenómeno gramatical o, más exactamente, el hecho de que vivamos más años causa que se llame chicos a los que superamos la cuarentena y se precise una gradación entre unos jóvenes y otros. También el añadido superfluo de más a mayor que… es redundante en gramática, de modo que la construcción pierde su superlatividad y adquiere el sentido contextual de `en comparación con otro de edad considerable´.
Una compañera, profesora de 1º de la ESO, nos comentó que uno de sus alumnos había interpretado en un ejercicio el sustantivo garbanzo como forma no personal del verbo, al tiempo que consideraba jugando, rápido y empezó como formas personales. Desde el punto de vista estrictamente gramatical, su pupilo solo acertó en el último ítem. Sin embargo, encontramos una explicación semántica a su clasificación si pensamos que, lejos de guiarse por el azar, asoció las características humanas con lo personal y las no humanas con lo no personal. Nuestra relación con la lengua es subjetiva y, por eso, no es fácil abstraer las cualidades de los vocablos y estudiarlos como entes independientes de la realidad sensorial.
Una estudiante surcoreana de español como lengua extranjera interpretó la oración No como nunca pizza como equivalente a No he comido nunca pizza. Para ella resultaba difícil discernir que el verbo en presente reflejara una acción habitual y no categórica, de suerte que no implicase la noción `nada hasta ahora´ que sí soporta el pretérito perfecto compuesto. La clave del malentendido reside en el tiempo verbal, ya que en el primer ejemplo nunca deja de ser un referente temporal para designar un hábito no asumido por completo o generar cierta ironía (y, en algunos contextos, superioridad moral).
La semántica matiza –también contradice o corrige– la gramática. El sistema lingüístico no basta para expresar los colores del mundo, aunque a veces es la realidad la que no está preparada para asumir la complejidad de la lengua. Escuchar de fondo no es igual que escuchar en profundidad, pese a que los núcleos de las locuciones adverbiales pertenecen a la misma familia y comparten étimo latino: fundus, i `parte esencial´. Paralelamente, nuestros prismas –simbólicos o no– dependen del según se mire. En definitiva, conocer los recursos lingüísticos que empleamos por exceso o por defecto nos ayuda a entender mejor los avatares de nuestra existencia. Y viceversa.
Bibliografía
Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2010). Nueva gramática de la lengua española. Manual. Espasa
Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2014). Diccionario de la lengua española, [versión 23.7 en línea]. https://dle.rae.es/
Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2019). Glosario de términos gramaticales, [versión 1.0 en línea]. https://www.rae.es/gtg/
Real Academia Española (2023). Corpus del Español del Siglo XXI (CORPES XXI), [versión 1.0 en línea]. https://www.rae.es/corpes/
Seco, M.; Andrés, O. & Ramos, G. (2023). Diccionario del español actual. Fundación BBVA. https://www.fbbva.es/diccionario/
VV. AA. (s. f.). Enciclopedia de ejemplos. https://www.ejemplos.co/
Este artículo ha participado en el VII Concurso de Artículos de Divulgación Científica de la Universidad de Burgos.


