Autor: David Porras Sanabria.

El término microbiota intestinal define al conjunto de microorganismos que residen naturalmente en el tracto gastrointestinal y que constituye un complejo ecosistema dominado por bacterias, pero también por hongos o virus. Entre estos microscópicos habitantes y el ser humano se establece una relación que en muchos casos supone un ejemplo de mutualismo, es decir, una asociación beneficiosa para ambas partes, a la que la microbiota aporta su capacidad para transformar componentes de la dieta en derivados necesarios para el funcionamiento del organismo.

La importancia de estas funciones de la microbiota intestinal es tal que actualmente podemos considerarla un “órgano viviente” cuya alteración, como la de cualquier otro órgano, puede suponer la aparición de diversas enfermedades. Si bien la microbiota tiene una composición particular para cada individuo, hasta el punto que podríamos considerarla una segunda huella dactilar, no quiere decir que sea inmutable, al contrario, se encuentra en una constante transformación y su composición es el resultado de procesos como el envejecimiento, la alimentación o la actividad física. Incluso, un reciente estudio de gran relevancia en el campo ha añadido un nuevo factor a tener en cuenta y es que las personas con las que nos relacionamos juegan un papel fundamental en la composición de la microbiota, de manera que los convivientes y las relaciones cercanas manifiestan una mayor similitud entre los microorganismos que pueblan su tracto intestinal (Valles-Colomer et al., 2023).

Por tanto, debemos ver la microbiota intestinal como un entorno natural que se encuentra en un delicado equilibrio y sometido a numerosos factores ambientales en mayor o menor medida controlables que pueden inclinar la balanza hacia la salud o hacia la enfermedad.

La microbiota y las enfermedades metabólicas

Las enfermedades metabólicas, entre las que se encuentran la obesidad, la diabetes o la enfermedad de hígado graso, han atraído la mayor atención investigadora sobre la microbiota intestinal y han ofrecido numerosas evidencias de su crucial relevancia. Si bien estas enfermedades suelen ser silenciosas y tienen un impacto menor en la opinión pública, están asociadas con una elevada mortalidad debido a múltiples causas, especialmente de origen cardiovascular.

La primera pista de la implicación de la microbiota en estos trastornos es la evidencia de que la microbiota de individuos sanos de peso normal es diferente de aquellos con sobrepeso y obesidad, sin embargo, esta simple observación no nos ofrece respuesta a si estas discrepancias son causa o consecuencia de la enfermedad. La herramienta más útil para resolver este interrogante han sido los ratones libres de gérmenes, animales criados de manera que carecen por completo de microorganismos intestinales. Estos animales son naturalmente resistentes a la obesidad hasta que se les administra una microbiota de otro organismo (Bäckhed et al., 2004). Además, la procedencia de esta microbiota determina como responden a la dieta, de manera que una microbiota procedente de un paciente con obesidad predispone a la ganancia de grasa corporal y la de un individuo sano tiene el efecto contrario (Ridaura et al., 2013).

Investigaciones similares se han realizado, por ejemplo, en las enfermedades hepáticas, donde se ha demostrado también cómo determinados perfiles de microbiota predisponen o protegen frente a la alteración grasa del hígado y, de nuevo, cómo esta condición es trasmisible a través de la microbiota hacia ratones libres de gérmenes (Le Roy et al., 2013). Estos resultados apuntan que la alteración en la microbiota podría ser anterior a la aparición de la patología y que la diferente abundancia de determinadas especies sería un factor de riesgo para el desarrollo de estas enfermedades como lo son determinadas variantes de un gen o la exposición al tabaco para el desarrollo de algunos cánceres.

Un mundo de posibilidades

A pesar de la importancia que estos resultados, solo son la punta del iceberg de las implicaciones de la microbiota intestinal en las enfermedades humanas que se extiende mucho más allá de las enfermedades gastrointestinales; de hecho, la investigación se está abriendo paso hacia otras áreas incluyendo el papel de la microbiota en el cáncer (Khan et al., 2023), en las enfermedades neurológicas como el Alzheimer o el Parkinson y en trastornos psiquiátricos como la depresión, la esquizofrenia o el autismo (Tiwari et al., 2023). Estas enfermedades consideradas tradicionalmente no transmisibles entre personas podrían cambiar esta consideración si tenemos en cuenta como las comunidades microbianas se comparten entre personas cercanas y abre un mundo de posibilidades en cuanto a su prevención y tratamiento.

De este modo, identificar la microbiota intestinal como un actor fundamental en la enfermedad humana no sólo sirve para un mero conocimiento teórico, sino que nos señala también una diana terapéutica, podemos influir en la composición de la microbiota intestinal para prevenir o en su caso revertir las alteraciones que desencadenaron la enfermedad. Una de las mayores ventajas de esta alternativa de tratamiento es que permite abordarla desde enfoques diversos y muy poco invasivos para el paciente que incluyen pautas nutricionales o el consumo de bacterias beneficiosas (probióticos) o de sustancias que promuevan su crecimiento (prebióticos). Así, son numerosos los estudios que aportan evidencia sobre la utilidad de administrar determinadas especies microbianas como los bien conocidos Lactobacillus o Bifidobacterium y otros más novedosos como Akkermansia muciniphila (Depommier et al., 2019). Asimismo, sustancias naturales ricas en fibras o en compuestos activos como los flavonoides al ser transformados en el intestino favorecen el crecimiento de especies beneficiosas y ayudan a combatir la obesidad, la diabetes o la hipertensión (Porras et al., 2018). Incluso, parte de los numerosos beneficios de la realización de ejercicio físico podría deberse a la capacidad de provocar cambios en la composición de la microbiota (Allen et al., 2018).

Una idea original: el transplante de microbiota

Otra de las aproximaciones más originales para ofrecer tratamientos orientados hacia la modificación de la microbiota intestinal es el trasplante de microbiota. Al igual que se identifican patrones de microorganismos con un papel perjudicial para la salud, pueden encontrase perfiles beneficiosos que al ser introducidos en una microbiota alterada podrían devolverla a un estado sano. Aunque este procedimiento cuenta con lógicas barreras psicológicas para el paciente, dado que dicha transferencia debe realizarse mediante materia fecal, ya ha demostrado una gran eficacia en la gastroenteritis asociada al uso de antibióticos por Clostridioides difficile y también una mejora en la sensibilidad a la insulina en pacientes con enfermedad metabólica (Vrieze et al., 2012). Estos resultados positivos nos indican que los efectos beneficiosos del trasplante fecal podrían hacerse extensivos a los numerosos trastornos que ahora asociamos con alteraciones de la microbiota intestinal. Sin duda, una estandarización del procedimiento que permita identificar donantes de gran valor, facilite la administración y mejore la presentación para hacerla más aceptable para el paciente multiplicaría la utilidad de esta forma de terapia.

En conclusión: una línea prometedora

La microbiota intestinal es actualmente una de las líneas más prometedoras en la investigación biomédica, con una creciente lista de enfermedades que se asocian a alteraciones de su composición. Una vez asumido su crucial papel en el desarrollo de estas enfermedades el siguiente paso consiste en ser capaces de manipularla de manera eficaz a través de la alimentación, de suplementos con propiedades para modificarla o del trasplante fecal.

Los avances que se realicen en esta dirección podrán ayudar no solo a comprender las causas sino también a curar y, lo que es más importante, a prevenir la aparición de algunas de las enfermedades con mayor impacto en nuestras sociedades.


Allen JM, Mailing LJ, Niemiro GM, Moore R, Cook MD, White BA, et al. Exercise alters gut microbiota composition and function in lean and obese humans. Med Sci Sports Exerc 2018;50:747-57.

Bäckhed F, Ding H, Wang T, Hooper L V, Koh GY, Nagy A, et al. The gut microbiota as an environmental factor that regulates fat storage. Proc Natl Acad Sci U S A 2004;101:15718-23.

Depommier C, Everard A, Druart C, Plovier H, Van Hul M, Vieira-Silva S, et al. Supplementation with Akkermansia muciniphila in overweight and obese human volunteers: a proof-of-concept exploratory study. Nat Med 2019;25:1096-103.

Khan AA, Nema V, Ashraf MT. Host-microbiota interactions and oncogenesis: Crosstalk and its implications in etiology. Microb Pathog 2023;178:106063.

Porras D, Nistal E, Martínez-Flórez S, González-Gallego J, García-Mediavilla MV, Sánchez-Campos S. Intestinal microbiota modulation in obesity-related non-alcoholic fatty liver disease. Front Physiol 2018;9:1813.

Ridaura VK, Faith JJ, Rey FE, Cheng J, Duncan AE, Kau AL, et al. Gut microbiota from twins discordant for obesity modulate metabolism in mice. Science 2013;341:1241214.

Le Roy T, Llopis M, Lepage P, Bruneau AA, Rabot S, Bevilacqua C, et al. Intestinal microbiota determines development of non-alcoholic fatty liver disease in mice. Gut 2013;62:1787-94.

Tiwari P, Dwivedi R, Bansal M, Tripathi M, Dada R. Role of Gut Microbiota in Neurological Disorders and Its Therapeutic Significance. J Clin Med 2023;12:1650.

Valles-Colomer M, Blanco-Míguez A, Manghi P, Asnicar F, Dubois L, Golzato D, et al. The person-to-person transmission landscape of the gut and oral microbiomes. Nature 2023;614:125.

Vrieze A, Van Nood E, Holleman F, Salojärvi J, Kootte RS, Bartelsman JFWM, et al. Transfer of intestinal microbiota from lean donors increases insulin sensitivity in individuals with metabolic syndrome. Gastroenterology 2012;143:913-916.e7.