Autores: Celia Díaz Portugal, Juan Bautista Delgado García y Virginia Blanco Mazagatos.

Siempre se ha creído que los artistas se comportan de forma particular: son más bohemios e impulsivos, más emocionales y apasionados. Aunque el comportamiento y las emociones de los artistas siempre han sido objeto de interés para el arte y las humanidades, sobre todo a la hora de interpretar las creaciones artísticas, hasta hace relativamente poco tiempo su estudio no se había trasladado a otros campos.

Hace solo un par de décadas, sin embargo, el comportamiento de los artistas comenzó a suscitar interés en el mundo de la economía y la empresa, lo que favoreció el estudio de los procesos de creación artística como elementos que pueden generar también valor económico. La UNESCO desarrolla entonces el concepto de industrias culturales y creativas en las que incluye, desde artes clásicas como la música o las artes escénicas, hasta otras industrias como el cine, la fotografía o la moda e incluso sectores como las artes digitales o el diseño gráfico. Han tenido que pasar aún más años para que aquellos artistas que se dedican profesionalmente al arte y lo han convertido en su modo de vida, sean también objeto particular de estudio en el campo del emprendimiento. Nace a finales de la última década el concepto de emprendedores culturales y creativos y el comportamiento particular de los artistas comienza a verse como el germen no solo del proceso creativo sino también de la idea de negocio que va a permitir al artista crear una empresa y generar los recursos económicos que le permitan vivir más allá del ‘amor al arte’.

La investigación del emprendimiento cultural y creativo

Esta reciente corriente de investigación del emprendimiento cultural y creativo se ha centrado en estudiar las particularidades de dichos emprendedores, analizando tanto sus circunstancias como sus características como individuos. En lo que se refiere a sus circunstancias, las industrias culturales y creativas habitualmente implican procesos de toma de decisiones más largos y complejos que otras industrias, al ser muy difícil definir a priori la calidad de estos productos culturales. También sufren una mayor incertidumbre y riesgo, ya que es muy difícil predecir la demanda y el éxito de estos productos. Además, estas industrias presentan mayor precariedad y los emprendedores culturales y creativos se consideran emprendedores “por necesidad”, ya que habitualmente crean una empresa condicionados por la dificultad para conseguir un empleo por cuenta ajena en dichas industrias. En cuanto a sus características como individuos, los emprendedores culturales y creativos son considerados más originales e imaginativos y más hábiles a la hora de utilizar pensamiento divergente (utilizar estrategias de pensamiento divergente implica que afloren ideas que se caracterizan por una alta singularidad, sensibilidad y pensamiento no lineal). Asimismo, los emprendedores culturales y creativos tienden a ser más cercanos a sus emociones y conscientes de ellas.

Retomando la creencia general de que los artistas son más emocionales y apasionados, y tratando de trasladar esta idea al estudio de las particularidades de los emprendedores culturales y creativos, ¿tiene esta característica algún efecto a la hora de decidir emprender?

El poder de las emociones positivas

En primer lugar, y hablando de los emprendedores en general, las investigaciones hasta el momento han demostrado que las emociones y, más concretamente las emociones positivas, influyen en las decisiones que se toman en el proceso emprendedor. Estas emociones positivas de los emprendedores (tales como estar animado/a, inspirado/a o entusiasmado/a) favorecen  que, cuando los emprendedores analizan la información sobre su oportunidad de negocio, recuerden más fácilmente los datos favorables y olviden los desfavorables. Así, los emprendedores, al experimentar emociones positivas, tienden a evaluar sus oportunidades de forma más favorable –las van a percibir como más novedosas e innovadoras– pues dichas emociones los llevan a interpretaciones sesgadas de la información que analizan. En lo que se refiere a los emprendedores culturales y creativos, ¿el estereotipo de que los artistas son más emocionales se traduce en una mayor influencia de sus emociones en este caso? ¿La evaluación de la oportunidad de negocio de estos emprendedores culturales y creativos es más sesgada que la de los emprendedores de otras industrias?

Contrariamente a lo que se podría presuponer, la influencia de las emociones positivas es menor en el caso de los emprendedores culturales y creativos. Dos razones obedecen a este menor efecto de las emociones. La primera tiene que ver con sus características como individuos y, concretamente, con su tendencia a utilizar más frecuentemente el pensamiento imaginativo y divergente. Los individuos que usan procesos de pensamiento divergente y que tienden a ser más imaginativos suelen ser más precisos cuando hacen inferencias y perciben mejor la creatividad y la originalidad que aquellos individuos que utilizan otros procesos de pensamiento. La segunda de las razones está relacionada con las circunstancias que rodean el proceso de toma de decisiones en las industrias culturales y creativas, que dura mucho más tiempo que en otras industrias. Diferentes estudios en materia de psicología han demostrado que los sesgos inducidos por las emociones positivas son menores en procesos más largos, pues estos procesos de desarrollo de ideas tienen menos presiones temporales y son más reflexivos. Es decir, los emprendedores culturales perciben de forma más clara si su idea de negocio es creativa u original y se toman más tiempo en analizarla, lo que hace que el efecto de las emociones a la hora de evaluar esa idea sea menor.

Una vez evaluada la oportunidad de negocio, los emprendedores deben valorar si las ganancias obtenidas en esa futura empresa les permitirían abandonar su trabajo por cuenta ajena –o no buscarlo– y, si es así, deben continuar con los siguientes pasos para la creación de esa nueva empresa (confirmar la financiación de la que disponen, contratar al personal que necesiten, etc). De nuevo, las emociones positivas fomentan una mayor autoestima y tendencia a asumir riesgos, pues llevan a los emprendedores a centrarse en las ganancias futuras y el éxito potencial y a ignorar las posibles pérdidas y fracasos.

No todo es color de rosa

¿Qué ocurre en este caso con los emprendedores culturales y creativos? ¿Se cumple por fin el mito del artista pasional en la disposición a emprender? Los resultados de nuestro estudio indican que no. En este caso el efecto de las emociones positivas también es menor para los emprendedores culturales y creativos, que son más reticentes a crear una empresa que otros emprendedores.

Nuevamente, las circunstancias de las industrias culturales y creativas y sus características individuales están detrás de esta menor influencia de las emociones positivas. Como se ha mencionado, los emprendedores culturales y creativos son emprendedores por necesidad –suelen crear una empresa porque no encuentran un trabajo por cuenta ajena– lo que hace que sean más objetivos en su percepción de esa futura empresa como fuente de ganancias. Asimismo, los emprendedores culturales están más en contacto con sus emociones y son más conscientes de ellas, lo que hace que estén más al tanto de los efectos de estas emociones y protejan mejor sus decisiones de dichas emociones. Es decir, los emprendedores culturales y creativos no ven de color de rosa su futura empresa y solo emprenden por la necesidad de desarrollar su carrera creativa. Además, paradójicamente, ser más conscientes de sus emociones hace que estas les influyan menos a la hora de correr los riesgos relacionados con emprender.


Referencias:

Díaz‐Portugal, C., Delgado‐García, J. B., y Blanco‐Mazagatos, V. (2023). Do cultural and creative entrepreneurs make affectively driven decisions? Not when they evaluate their opportunities. Creativity and Innovation Management. 32(1), 22–40. https://doi.org/10.1111/caim.12537