Autora: Sandra Sanmartín Feijóo


A pesar del claro uso que los medios de comunicación hacen de contenido sexual en las series más populares, canciones, anuncios…  el sexo sigue siendo un tema tabú. El momento de tener “La Charla” es temido por numerosas familias, que a veces esperan que sea en las escuelas dónde se tenga la conversación difícil mientras se debate si es demasiado pronto, si estaremos generando una curiosidad que aún no está ahí por “tener relaciones” y demás eufemismos. ¿Pero qué pasa cuando nadie quiere pasar ese momento incómodo?

Sólo un 20,5% de las personas encuestadas en un estudio en España cree que la educación afectivo-sexual que ha recibido respondió a sus dudas e inquietudes [1]. Cuando se pregunta a quién solían acudir para responder las dudas sobre sexualidad que les surgieron durante la infancia adolescencia y juventud, la mayoría acude a sus amistades o a Internet, sólo una minoría acude a personas adultas y aún menos a personas preparadas para dar este tipo de educación. Por otra parte, la pornografía es un contenido muy accesible desde pronta edad, más del 70% de personas entre 16 y 29 años la consume [2] y la edad de la primera exposición a la pornografía, aunque sea accidentalmente, es en torno a los 8 años [1].

Muchas personas recurren a la pornografía en busca de respuestas sobre el sexo. Durante el COVID, las búsquedas que incluían “Cómo hacer…” aumentaron en un 245% y se convirtieron en tendencia en una de las principales páginas webs de contenido pornográfico [3]. Pero lo que encuentran no siempre refleja la realidad, y eso puede influir en su forma de ver las relaciones, las dinámicas de género e incluso el consentimiento.

Los guiones pornográficos tienden a ser heterosexuales con independencia del tipo de relación que se represente, además de llevar asociado un doble estándar que refuerza roles de género tradicionales [4]. Los medios de comunicación en general muestran a menudo a los hombres como agresivos o dominantes y a las mujeres como pasivas o sumisas, una dinámica que suele ser aún más pronunciada en la pornografía. Se refuerzan estereotipos perjudiciales y se perpetúa la idea de que la dominación es un aspecto central de la masculinidad, a menudo a través de la agresión. Concretamente, la pornografía que más se consume (conocida como mainstream) presenta actos de violencia sexual como comportamientos sexuales normativos  y en el 97% de los casos se trata de violencia contra las mujeres [5, 6].

La pornografía mainstream retrata a actores masculinos y actrices femeninas en determinados roles y relaciones sexuales desiguales [7]. Es más, se tiende a mostrar relaciones de poder basadas en la supremacía de la identidad blanca, anglosajona, heterosexual y masculina sobre otras identidades, evidenciadas en el aparente consentimiento a todas sus peticiones sexuales sin necesidad siquiera de consulta explícita [8, 9]. Además, se ha comprobado que existe un aumento de la erotización de prácticas sexuales degradantes y de intentos de recrear guiones pornográficos violentos [10]. Un ejemplo es la popularización del estrangulamiento y un estudio estadounidense encontró que un 40% de chicas que reportaban haber sido estranguladas durante encuentros sexuales presentaron alguna complicación, en casos extremos daños en la tráquea, pérdida de memoria del episodio y un 3% quedó inconsciente [11]. Frente a estas potenciales consecuencias, el contenido pornográfico banaliza la práctica sin mostrar que sea necesaria ningún tipo de preparación o siquiera conversación previa para consentir llevarla a cabo.

Cuando la percepción es que la pornografía refleja el sexo en la vida real, puede dar lugar a expectativas poco realistas o, lo que es peor, a la aceptación de la violencia y la falta de consentimiento como algo normal.

Se ha constatado que la pornografía constituye un modelo de comportamiento que influye en las percepciones y actitudes sexuales, así como en la asunción de riesgos [10, 12]. Según la teoría del aprendizaje social [13], aprendemos por modelado al observar e imitar a otras personas y según la teoría del cultivo una exposición prolongada a medios audiovisuales incrementa el efecto [14]. Por ejemplo, si con frecuencia se observan una serie de escenas en las que comportamientos violentos o agresivos conducen a resultados positivos para una persona en la pornografía (como ganar control, poder o placer), las personas espectadoras pueden pensar que es aceptable y deseable en la vida real. Los guiones cognitivos son como planos mentales que nos indican cómo actuar en determinadas situaciones y la pornografía proporciona guiones para el comportamiento sexual [15]. Si la principal fuente de aprendizaje sobre sexo de una persona es un determinado tipo de contenido, es posible que desarrolle un guion que diga: “Así es como se supone que debe ser el sexo”, aunque no sea cierto ni saludable. A mayores, la adolescencia es un período clave en el desarrollo sexual y como personas sexuadas. La teoría del desarrollo psicosocial nos permite entender que la adolescencia es un período especialmente susceptible para la conformación de la identidad [16], incluyendo la sexual, lo cual lleva a una mayor preocupación social cuando nos referimos al consumo de porno y a la pronta exposición mencionada anteriormente.

Sin embargo, no se deben obviar otras variables que puedan estar moderando la conducta violenta, como las actitudes y la educación afectivo-sexual previas. Además, el contenido pornográfico puede estar libre de sexismo, racismo, homofobia y ser respetuoso con todos los seres humanos retratados, aunque pueda debatirse si eso es fácil de encontrarse en la pornografía mainstream. Esto ocurre incluso más allá de la pantalla, como nos lleva a reflexionar el reciente corto “Click” de la campaña “X ahí NO”. La capacidad de consumir otras formas de contenido de forma crítica y el bienestar sexual pueden promoverse a través de iniciativas de alfabetización digital y educación sexual comprehensiva que aborde el contenido audiovisual que se consume [17]. Es fundamental que las familias y las personas adultas responsables no sientan vergüenza de hablar sobre sexualidad, ya que su acompañamiento y orientación son clave para que la juventud pueda acceder a recursos educativos fiables y desarrollen una comprensión saludable de las relaciones en lugar de sentir que deben recurrir al porno.

En resumen, con una mejor alfabetización digital y conversaciones más sinceras, podemos navegar críticamente por los contenidos audiovisuales que nos encontremos. Existen numerosos recursos en distintos formatos y adaptados para diversas edades que pueden servir de punto de partida.

Referencias

  1. Biota, I., Dosil-Santamaria, M., Mondragon, N. I., & Ozamiz-Etxebarria, N. (2022). Analyzing University Students’ Perceptions Regarding Mainstream Pornography and Its Link to SDG5. International Journal of Environmental Research and Public Health, 19(13), Article 8055. https://doi.org/10.3390/ijerph19138055
  2. Ballester, L., Orte, C., & Rosón, C. (2022). A survey study on pornography consumption among young Spaniards and its impact on interpersonal relationships. Net Journal of Social Sciences, 10(3), 71–86. https://doi.org/10.30918/NJSS.103.22.023
  3. Pornhub Insights (2022). 2021 Year in Review. Pornhub Insights. https://www.pornhub.com/insights/yir-2021
  4. Aubrey, J. S., Yan, K., Terán, L., & Roberts, L. (2020). The heterosexual script on tween, teen, and young-adult television programs: A content analytic update and extension. The journal of sex research, 57(9), 1134–1145. https://doi.org/10.1080/00224499.2019.1699895
  5. Vera-Gray, F., McGlynn, C., Kureshi, I., & Butterby, K. (2021). Sexual violence as a sexual script in mainstream online pornography. The British Journal of Criminology, 61, 1243–1260. https://doi.org/10.1093/bjc/azab035
  6. Fritz N., Malic V., Paul B., Zhou Y. (2020). A descriptive analysis of the types, targets, and relative frequency of aggression in Mainstream pornography. Archives of Sexual Behavior, 49(8), 3041–3053. https://doi.org/10.1007/s10508-020-01773-0
  7. Carrotte, E. R., Davis, A. C., & Lim, M. S. (2020). Sexual Behaviors and Violence in Pornography: Systematic Review and Narrative Synthesis of Video Content Analyses. Journal of Medical Internet Research, 22(5), Article e16702. https://doi.org/10.2196/16702
  8. Miller, D. J., & McBain, K. A. (2022). The Content of Contemporary, Mainstream Pornography: A Literature Review of Content Analytic Studies. American Journal of Sexuality Education, 17(2), 219–256. https://doi.org/10.1080/15546128.2021.2019648
  9. Pedraz Poza, S., & Ares, L. (2011). Sexo, poder y cine: Relaciones de poder y representaciones sexuales en los nuevos relatos pornográficos. Revista ICONO14 Revista Científica De Comunicación Y Tecnologías Emergentes, 9(3), 98–119. https://doi.org/10.7195/ri14.v9i3.59
  10. Wright, P. J., Tokunaga, R. S., & Bridges, A. J. (2024). Potential pathways between pornography use, perceived peer norms, and negative attitudes toward women. American Journal of Sexuality Education, 19(4), 472–480. https://doi.org/10.1080/15546128.2023.2275751
  11. Herbenick, D., Fu, T. C., Eastman-Mueller, H., Thomas, S., Svetina Valdivia, D., Rosenberg, M., Guerra-Reyes, L., Wright, P. J., Kawata, K., & Feiner, J. R. (2022). Frequency, method, intensity, and health sequelae of sexual choking among US undergraduate and graduate students. Archives of sexual behavior, 51(6), 3121–3139. https://doi.org/10.1007/s10508-022-02347-y
  12. Hald, G. M., Malamuth, N. N., & Lange, T. (2013). Pornography and Sexist Attitudes Among Heterosexuals. Journal of Communication, 63(4), 638–660. https://doi.org/10.1111/jcom.12037
  13. Bandura, A. (1986). Social foundations of thought and action: A social cognitive theory. Prentice-Hall, Inc.
  14. Erikson, E. H. (1963). Childhood and society (2nd Ed.). Norton.
  15. Gerbner, G. (1998). Cultivation Analysis: An overview. Mass Communication & Society, 3-4, 175–194. https://doi.org/10.1080/15205436.1998.9677855
  16. Tomkins, S. S. (1987). Script theory. En J. Aronoff, A. I. Rabin, & R. A. Zucker (Eds.), The emergence of personality (pp. 147–216). Springer Publishing Co.
  17. Rothman, E. F., Daley, N., & Alder, J. (2020). A pornography literacy program for adolescents. American journal of public health, 110(2), 154–156. https://doi.org/10.2105/AJPH.2019.305468.

 Artículo participante del VIII Concurso de Artículos de Divulgación Científica de la Universidad de Burgos.