Autor: Adrián Moreno Molina

En palabras de Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, el sector bancario de la eurozona es «resiliente» ante la profunda metamorfosis en la que se encuentra inmerso. Cambios en la regulación, avances tecnológicos, o nuevos competidores como las Fintech están cambiando las reglas del juego.

En este contexto, los bancos custodian nuestros ahorros, conceden créditos a familias y empresas, y canalizan la inversión que impulsa la economía. Saber cuánto vale realmente una entidad financiera permite proteger a los inversores, garantizar la estabilidad del sistema y, sobre todo, mantener la confianza de la sociedad en el corazón del sistema económico. Por eso, en este contexto, surge una pregunta esencial: ¿Cómo se calcula el valor de un banco?

Imagina que quieres vender tu coche. Su precio dependerá del modelo, el kilometraje, su estado general y la demanda del mercado. Valorar un banco funciona de forma parecida, pero con muchas más variables: activos, riesgos, regulación, beneficios futuros e incluso el contexto económico mundial.

El paradigma bancario actual

Los bancos no son empresas al uso. Su «materia prima» es el dinero y su actividad principal consiste en captar depósitos y dar créditos. Esto los hace sensibles a las decisiones de los bancos centrales, las crisis económicas y los cambios regulatorios.

Figura 1. Esquema del funcionamiento del negocio bancario.

Tras la crisis financiera de 2008, se dejó atrás el modelo de negocio tradicional de la banca, y se reconfiguró significativamente el sector bancario en España, reduciendo el número de entidades independientes y dando lugar a una mayor presencia y control por parte de grandes grupos. Además, nuevas entidades como los neobancos y las Big Tech también compiten ofreciendo todo tipo de servicios financieros.

El futuro del sector bancario se presenta incierto, a pesar de haber superado el persistente escenario de tipos de interés negativos en Europa que han golpeado al sector, forzándolo a una reestructuración que siempre parece incompleta. Los próximos retos suponen adaptarse a las nuevas condiciones económicas, sociales, tecnológicas y regulatorias.

Si bien, la Autoridad Bancaria Europea (EBA), tras los beneficios récord obtenidos desde el año 2022 en el sector, apuesta por seguir repuntando las métricas de solvencia y rentabilidad de la banca española poniendo en valor su notable solidez. Según el ex Gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos “es fundamental que reflexionen sobre un modelo de negocio adecuado, que les permita generar rentabilidad de forma sostenida y recurrente en el tiempo.

La adaptación a los cambios regulatorios ha puesto en jaque al sector en los últimos años. Por ejemplo, una nueva Directiva Europea, MiFID III, que complementaría a la anterior MiFID II del 2018 y que podría aplicarse a finales del 2025 o principios del 2026. El impuesto a la banca aprobado por el Gobierno de España en 2022, que grava los márgenes de intereses y las comisiones netas de los bancos españoles afectando especialmente a entidades bancarias que concentran principalmente su negocio en España, como CaixaBank. O uno de los últimos coletazos de la Ley 26/2013 de Cajas de Ahorros y Fundaciones Bancarias, que ha supuesto que entidades ahora bancarias provenientes de antiguas Cajas de Ahorros, se vean obligadas a reducir la participación de sus fundaciones en el capital social del banco a menos del 50%.

Entidades como CaixaBank o Unicaja, ya han llevado a cabo este cometido reduciendo el peso de sus fundaciones en el accionariado. Sin embargo, entidades como Ibercaja o Kutxabank se han visto inmersas en procesos de valoración para su salida a bolsa, con el fin de realizar una Oferta Pública de Venta (OPV) de acciones, es decir, ceder los títulos que poseen sus Fundaciones a diferentes inversores para reducir su participación (Actualmente, los procesos de salida a bolsa se han paralizado al optar por constituir un fondo de reserva capaz de absorber posibles crisis de solvencia). Este hecho se diferencia de los motivos tradicionales que llevan a una empresa a salir a bolsa: acceder a nuevos recursos económicos, aumentar su visibilidad y prestigio en los mercados financieros y facilitar el acceso a una base más amplia de inversores.

Salir a bolsa: el momento de poner precio

El proceso de salida a bolsa consta esencialmente de dos partes. La primera es la fase previa a la comercialización de la oferta, mientras que la segunda es la Oferta Pública Inicial (OPI) propiamente dicha. Cuando una empresa está interesada en una OPI, se anuncia a los suscriptores solicitando ofertas privadas o también haciendo una declaración pública para generar interés. Definimos una OPI como el proceso de ofrecer acciones de una empresa privada al público en una nueva emisión de acciones por primera vez.

Cuando un banco decide salir a bolsa, debe fijar un precio para sus acciones. Si se fija demasiado alto, no atraerá compradores; si es demasiado bajo, se perderá valor. Fijar el precio inicial en una salida a bolsa es una tarea compleja que suele estar en manos de los suscriptores o bancos de inversión. Estos analizan la situación financiera del banco, su estrategia, el entorno del sector y aplican distintos métodos de valoración para estimar su valor de mercado.

En los procesos de valoración y determinación del precio de una OPI generalmente se siguen una serie de pasos, considerando principalmente cinco métodos de valoración según Deev (2011). 

Etapas del proceso de salida a bolsa

¿Por qué es tan difícil valorar un banco?

Pero ¡ojo! Valorar un banco no es tan sencillo como calcular su valor contable. En la práctica, los analistas combinan varios de estos métodos para afinar el resultado. También se tienen en cuenta aspectos cualitativos como la calidad de la gestión, la innovación tecnológica y la cultura organizacional. El conocimiento del contexto local y la experiencia del equipo de valoración son elementos fundamentales. No basta con aplicar una fórmula: hay que comprender cómo funciona el banco en su entorno. Según Damodaran (2013) y Veselá (2013), existen cuatro motivos principales que hacen que la valoración sea un desafío:

  1. Estructura financiera opaca: es difícil estimar flujos de caja porque conceptos como la deuda o la reinversión no son tan claros como en otros sectores.
  2. Alta regulación: los bancos están sometidos a normas estrictas que afectan su rentabilidad y cambian con frecuencia (ej. Basilea III o MIFID II), lo que genera incertidumbre.
  3. Concentración del sector: pocos grandes bancos dominan el mercado “La Gran Banca Española”, lo que limita la competencia y distorsiona los márgenes.
  4. Sensibilidad al ciclo económico: los beneficios bancarios fluctúan mucho según el contexto económico.

Valoraciones inteligentes: el futuro ya está aquí

Ante este hándicap, se requieren métodos de valoración transparentes, consistentes y capaces de adaptarse y de garantizar la sostenibilidad del negocio bancario en un mundo VUCA: volátil, incierto, complejo y ambiguo (Rosenbaum & Pearl, 2021). Por ello, se demandan nuevos métodos que faciliten esta ardua tarea aplicando las tecnologías emergentes.

Pero con la llegada de la IA y el Big Data se crea un nuevo paradigma en la valoración empresarial. Estos sistemas pueden analizar en tiempo real miles de datos económicos, noticias, redes sociales y tendencias de mercado para ofrecer estimaciones más ajustadas y reducir riesgos, brindando así una perspectiva más completa y fundamentada (Bueno-Campos & Rodríguez-López, 2022).

Empresas como Bloomberg ya utilizan algoritmos avanzados para predecir el valor de acciones bancarias. Sin embargo, a pesar de la precisión de estas tecnologías, la valoración sigue requiriendo un componente humano: la capacidad de interpretar la información, prever crisis económicas y evaluar decisiones políticas.

Conclusión: ¿Ciencia o arte?

Valorar un banco no es una ciencia exacta. Se trata de una combinación de análisis financiero, intuición y estrategia. No existe un método infalible, pero la combinación de distintas técnicas permite reducir la incertidumbre. Definitivamente, se requiere de una cierta destreza para vislumbrar más allá de las anotaciones contables.

En un mundo donde la economía cambia rápidamente, la valoración bancaria es más relevante que nunca. Y con el auge de la IA, estamos entrando en una nueva era donde la tecnología transformará la forma en que calculamos el valor de las entidades financieras.

En definitiva, la próxima vez que escuches que un banco ha salido a bolsa, ya sabrás que detrás de ese número hay una compleja ecuación de datos, estrategias y expectativas. ¡Bienvenido al fascinante mundo de la valoración bancaria!


Referencias

Bueno-Campos, E. & Rodríguez-López, M. (2022). El reto de la banca en la economía digital: un desafío organizativo y evolutivo. UIE Ediciones.

Damodaran, A. (2013). Valuing Financial Services Firms. Journal of Financial Perspectives, 1(1).

Deev, O. (2011). View of Methods of Bank Valuation: A Critical Overview. Financial Assets and Investing, 2(3).

Rosenbaum, J., & Pearl, J. (2021). Investment banking: valuation, LBOs, M&A, and IPOs. John Wiley & Sons.

Veselá, J. (2013). Some specifics of the valuation of bank stocks. European Financial Systems. Proceedings of the 10th International Scientific Conference, 349-355.


Artículo participante del VIII Concurso de Artículos de Divulgación Científica de la Universidad de Burgos.