Autores: Noelia Velasco Pérez y Fernando Martínez Lara.
El mundo está lleno de miles de sitios que a todos nos gustaría visitar al menos una vez en la vida. Quién no se ha imaginado recorriendo las milenarias piedras de la muralla China, tumbado en las blancas arenas del Caribe, o contemplando el amanecer desde el Monte Fuji.
Si un amigo te preguntará por tu Top 5 de destinos preferidos, seguramente tardarías un poco en poner en orden tu lista, pero, al cabo de cierto tiempo, le darías una respuesta llena de lugares de ensueño.
A nosotros nos encanta viajar, pero también somos unos apasionados de Las Ciencias, por lo que, hace unos años, nos propusimos un reto: organizar un “Interrail científico”. Las paradas de este viaje no fueron las habituales, sino que las elegimos por su relación con una de las ciencias más asombrosas que existen, La Química.
En nuestro recorrido visitamos 5 ciudades europeas en busca de lugares relacionados con el pasado, el presente y el futuro de esta ciencia.
Decidimos empezar por todo lo grande, Bruselas. La capital belga acoge el parlamento europeo, el Manneken Pis, el bar con la mayor carta de cervezas del mundo y una gran variedad de museos que te dejarán con la boca abierta. Sin embargo, en esta ciudad se “esconde” una estructura de 102 metros de altura construida en acero. Se trata de un cristal de hierro ampliado 165.000 millones de veces. Cada una de las esferas representa un átomo de hierro unidas entre si por enlaces metálicos. Lo más curioso de todo esto es que cada una de las 9 esferas, representa una provincia de Bélgica, convirtiendo a este monumento en un símbolo nacional del que será difícil encontrar un local que no esté orgulloso (lo sabemos, lo hemos intentado). (1)

Dejamos las llanuras del Reino de Bélgica para adentrarnos en territorio alpino. Hablamos de nada más y nada menos que la ciudad suiza de Ginebra. En este lugar no solo te deslumbrará la amabilidad de sus residentes o los precios de los escaparates de la Rue du Rhone, sino que desde las orillas del lago Lemán podrás observar una de las montañas más famosas de nuestro continente, el Mont Blanc. Aparte de los paisajes y del lujo de Ginebra, está pequeña ciudad de 200 mil habitantes es sede del mayor laboratorio del mundo, el Centro Europeo para la Investigación Nuclear (más conocido por sus siglas en inglés, el CERN). Este laboratorio fundado en 1954 acoge a más de 2.500 empleados de más de 30 nacionalidades y ha visto descubrimientos como el del famoso Bosón de Higgs, por el que Peter Higgs ganó el premio Nobel de Física en 2013.
El CERN nació en una Europa devastada tras la Segunda Guerra Mundial gracias a un pequeño grupo de científicos, con el doble objetivo de unir a las naciones y convertirse en un centro de excelencia. Este laboratorio puede visitarse de forma gratuita, pero te aconsejamos que reserves lo antes posible. (2)

Una vez finaliza nuestra estancia en territorio suizo, nos pusimos rumbo a la capital de Bohemia, la ciudad de las cien torres, Praga. No cabe duda de que el monumento más famosos de la capital checa es su reloj astronómico ubicado próximo al Puente de Carlos. Esta ciudad también cuenta con monumentos para los amantes de la literatura del inigualable Franz Kafka. Cerca de todas estás atracciones turísticas se encuentra un lugar que ha permanecido en las sombras durante siglos. En los subsuelos de la calle Haštalská está uno de los laboratorios de alquimia mejor conservados de toda Europa. Los orígenes de esta joya se remontan a finales del siglo XVI y cuenta con una magnífica colección de hierbas medicinales, pociones y brebajes de la época. Bajo un entramado de túneles, esté misterioso laboratorio estaba conectado con el Castillo Real.

Las fuertes inundaciones provocadas en 2002 por el río Moldava, dieron a conocer al mundo, por accidente, este enigmático lugar y, tras muchos años de trabajo, en 2012 fue abierto al público como museo bajo el nombre de Speculum Alchemiae.
Por doscientas coronas (unos 8 euros al cambio) podrás sumergirte en el mundo subterráneo de Praga y adquirir uno de sus famosos elixires de la eterna juventud. Nosotros compramos uno, pero estamos a la espera de ver los efectos (os mantendremos informados). (3)
Quinientos dieciocho kilómetros nos separaban de nuestro siguiente destino, Varsovia. Esta ciudad fue destruida en 1944 por las tropas hitlerianas y en la actualidad es un símbolo de la resistencia y fortaleza del pueblo polaco. Sin embargo, esta destrucción no ha logrado borrar la riqueza histórica y cultural, que se puede llegar a sentir en el centro histórico (declarado Patrimonio de la Humanidad en 1989). Polonia ha sido cuna de grandes personajes a lo largo de la historia, desde músicos y compositores de la talla de Frédéric Chopin hasta grandes científicos como Nicolás Copérnico. Pero, aunque Varsovia cuenta con un museo dedicado a este astrónomo que nos desvela los entresijos de su Teoría Heliocentrista; nuestro objetivo principal del viaje fue conocer la casa donde nació la primera persona en ganar dos Premios Nobel en distintas disciplinas: nada más y nada menos que Marie Skłodowska-Curie.
Este museo fue inaugurado en 1967 en el centenario de su nacimiento. En el encontrarás fotografías, cartas, videos grabados por Pierre y Marie Curie que reflejan la trayectoria de toda la familia Curie (ganadora de 6 Premios Nobel). Paseando por el museo descubrirás los cuadernos en los que el matrimonio Curie anotó sus investigaciones, las cuales les permitieron avanzar en el campo de la radioactividad y el descubrimiento del Polonio y el Radio. El museo releja la enigmática figura de esta singular investigadora y sirve de referente a las futuras generaciones de científicas y científicos. (4)

Es hora de viajar hacia el norte y adentrarnos en el antiguo imperio de los zares. Como si del Orient Express se tratase, llegamos en tren a las puertas de San Petersburgo. Ubicada a orillas del mar Báltico, esta majestuosa ciudad es uno de los principales puertos de Rusia y alberga uno de los museos más importantes del mundo, el Hermitage.
Pedro el Grande fundó San Petersburgo en 1703, para que sirviera como punto de apertura del Imperio Ruso al resto de Europa. Desde entonces, se convirtió en la ciudad más monumental del país y, en la actualidad, su centro histórico está protegido por la UNESCO, recogiendo joyas arquitectónicas como La Iglesia del Salvador, El Palacio de Peterhof y la Fortaleza de San Pedro y San Pablo.
La historia de La Química no se entendería sin la Tabla Periódica de los Elementos publicada en 1869 por uno de los petersburgueses más conocidos, Dmitri Mendeleev. Por sus trabajos y descubrimientos, la Universidad Estatal de San Petersburgo cuenta con un museo en el que podrás ver en primera persona el apartamento de este científico junto con manuscritos de sus investigaciones.

Desafortunadamente, en la actualidad, las conexiones entre Rusia y el resto de Europa están muy limitadas a causa de la Guerra que mantiene este país con Ucrania. Por lo que, tendrás que esperar para visitar este destino.
“Nada en este mundo debe ser temido… solo entendido. Ahora es el momento de comprender más, para que temamos menos”.
Marie Skłodowska-Curie.
Y con la imponente ciudad de los zares ponemos punto y final a nuestro viaje por Europa. Esta travesía nos permitió conocer de primera mano el lugar de nacimiento de científicos y científicas que han dejado su huella en la historia de la Química, y lugares en los que, gracias a la colaboración entre investigadores de todo el mundo, se sigue haciendo historia.

Referencias
- https://www.atomium.be/home/Index
- https://www.atomium.be/home/Index
- https://alchemiae.cz/cs
- https://www.mmsc.waw.pl/
- https://spbu.ru/
Este artículo ha participado en el VII Concurso de Artículos de Divulgación Científica de la Universidad de Burgos.


