Autor: Miguel Martín Echarri, investigador de la Universidad de Burgos en el Grupo de investigación y formación en español como lengua extranjera.
Algún interés tienen los juegos de lenguaje para el público no especializado, y entre ellos, nunca ha decaído la curiosa posibilidad de revertir el orden de los sonidos de una palabra (Roma-amor) o una frase (Amigo no gima). Prueba de este interés constante es la facilidad de encontrar bifrontes como el primero y palíndromos como el segundo en Internet, pero también su presencia en la literatura desde la antigüedad, en el famoso cuadrado Sator, hasta Cortázar (Serra, 2001). Parece que los sentidos que aparecen en los textos cuando les damos la vuelta son mensajes mágicos procedentes de instancias sobrenaturales, dado que no puede atribuirse a nadie la voluntad de codificación de ese sentido que surge imprevisiblemente. A su vez, la perfección encontrada en el hecho de que una combinación de letras pueda leerse idénticamente en un sentido o en otro sugiere la posibilidad de haya sido prevista por una entidad superior.
SATOR
AREPO
TENET
OPERA
ROTAS
En el cuadrado Sator, encontrado en diversos yacimientos arqueológicos de época romana. El misterio lo rodea: está sin resolver la controversia sobre el significado de la frase o sobre su relación con el primitivo cristianismo o con otras creencias.
Puede defenderse que el palíndromo está relacionado con la escritura alfabética: revertir los sonidos del habla resulta demasiado complejo sin ayuda de una escritura que se asocie a los sonidos; y demasiado fácil en el caso de grafías que representen ideas, palabras o sílabas. Su definición más frecuente delata la naturaleza del palíndromo: no se trata de una serie de sonidos lingüísticos perfectamente reversibles en el tiempo, ni de letras reversibles en la escritura, sino de una «palabra o frase cuyas letras están dispuestas de tal manera que resulta la misma leída de izquierda a derecha que de derecha a izquierda» (según la RAE). La lectura es la clave.
Pero podemos preguntarnos si podemos encontrar secuencias reversibles en algún sentido diferente al de la lectura, o mejor: en cuántos sentidos podemos encontrar secuencias reversibles.
En primer lugar, la reversión de un texto escrito puede entenderse como imagen especular o como serie invertida. La imagen especular de un texto escrito en alfabeto latino no da lugar a otro texto escrito en alfabeto latino, salvo en casos muy contados y con tipografías muy concretas, porque la mayoría de las letras son asimétricas. Entre las minúsculas de imprenta, 8 lo son, como «i» o «l», pero 19 no, como «s», «r» o «b»; entre las mayúsculas la proporción asciende a 11 de 27. Es obvio que un texto que se imponga la condición de ser especular solo podrá estar escrito con esas letras simétricas, planteamiento que presenta muchas dificultades y poco valor estético. En «Escriba del espejo», Schiavetta encuentra: «AVIVA Y AMA YA» «AY AMA Y AVIVA» (necesariamente en mayúsculas), pero hay pocas combinaciones funcionales.
La más fecunda es la segunda posibilidad, que consiste en revertir el orden de los grafemas respetando su forma. Estos no responden solo a las condiciones de la lengua, sino también a las exigencias de la ortografía, de manera que «qu» y «ch» resultarán casi siempre excluidos de los palíndromos, y la «h» impondrá también severas exigencias. Otros grafemas implican también una atención particular, como «b», «v», «r», «x», «c» y «g», por las diferentes unidades sonoras que les corresponden según el caso. O cívico debe considerarse un palíndromo grafemático, pero no fonológico, porque la «c» aparece consignando dos fonemas distintos; lo mismo ocurre con amor a Roma. De modo más general, algunos grupos consonánticos son irreversibles, como «nstɾ», con lo que hay palabras y secuencias condenadas, como construir y sus derivados (aunque esta restricción tiene que ver sobre todo con la fonotáctica, o sea, las normas de combinación de fonemas en una lengua). Finalmente, para una verdadera retrogradación significativa deberían respetarse las posiciones de los espacios, pero esta exigencia casi nunca se tiene en cuenta.
La tercera posibilidad es fonológica: pueden revertirse los fonemas, esto es, las unidades de la lengua que distinguen los significados. Las posibilidades que existen para la construcción de palíndromos fonológicos se someten también a ciertas restricciones, aunque menores que las relativas a los palíndromos grafemáticos: el fonema /ɾ/ está vetado en posición inicial de palabra; también encontramos aquí los problemas derivados de la imposibilidad de retrogradar algunos grupos consonánticos, pero no la de alinear los límites entre palabras, que no tienen función fonológica. Finalmente, para la elaboración de palíndromos fonológicos hay que partir de una determinada transcripción y, naturalmente, dejar de lado los prejuicios derivados de nuestra formación letrada: nada impide asimilar «c» y «z», «b» y «v», etc.: incluimos palíndromos fonológicos nací o izan o alavábala.
Una cuarta posibilidad atiende a los fonos, considerados como cada una de las variantes que un fonema asume al articularse en una secuencia. En la medida en que nos adentramos en la fonética, aquí la prueba pasa a ser experimental: si una secuencia de fonos es reversible será posible identificarla en la inversión de la grabación o de su imagen espectrográfica.
Pues bien: como comprobó Étienne (1982), algunos sonidos de la lengua son aproximadamente simétricos, mientras que otros lo son de manera imperfecta o son abiertamente asimétricos. En español, son razonablemente reversibles las vocales, las fricativas y las aproximantes. En la figura 1 mostramos un espectrograma de la secuencia [asa]: puede reflejarse en un espejo sin variaciones significativas.

Otros sonidos son en rigor asimétricos, pero pueden resultar indistinguibles en sus versiones natural e invertida, como las laterales [l, ʎ], las róticas [ɾ, r], y también de las nasales [m, n, ɲ]. En la figura 2 vemos el espectrograma de la secuencia [ana]: es cierto que se percibe la explosión final de [n], pero muy suave, prácticamente indistinguible.

Los sonidos del tercer grupo son decididamente irreversibles: las oclusivas [p, t, k, b, d, g] se articulan en dos fases, una de cierre (en que la sonoridad se reduce muchísimo o desaparece) y una de explosión, marcada y clara. Invirtiendo el orden, el resultado pasa a ser irreconocible. Y aún más clara es la asimetría de las africadas [t͡ʃ, dʒ͡], como la que aparece en la figura 3, acha.

Además, muchas veces la elección de un fono depende estrictamente de la influencia de los fonos anterior y siguiente. En ese sentido, algunas influencias se dan de manera reversible, mientras que otras son unidireccionales. Así, la transición de una vocal a otra en el diptongo /ai/ es indistinguible de la inversión del diptongo /ia/. En cambio, una nasal adopta sistemáticamente el lugar de articulación de la consonante que la sigue, pero no de la consonante que la precede. En encaje, la nasal se articula en el velo del paladar, por influencia del sonido suiguiente; pero en arácnido no modifica su articulación alveolar.
Para terminar, un último caso de reversibilidad atañe al sonido como acontecimiento físico: pero lo cierto es que este es radicalmente irreversible, en el sentido de que ningún sonido es igual en todo el tiempo que dura su desarrollo, salvo que discutamos el caso de los sonidos sintéticos. En el habla, indudablemente, es imposible que un sonido o secuencia coincida rigurosamente con su inversión.
Como ejemplo de estos experimentos acústicos, presentamos en la figura 4 el espectrograma del palíndromo grafemático Atar a la rata (que no respeta los límites entre palabras), y lo comparamos con su inversión especular, que vemos sobre la original. Hemos alineado el inicio y el final y hemos asignado a la columna de cada articulación la letra que le corresponde en la ortografía normativa del español (prescindo de la transcripción fonética para mayor claridad). Puede verse que coinciden las posiciones de «r» y «rr», aunque en la versión superior la múltiple aparece a la izquierda y la simple a la derecha, mientras que en la original ocurre lo contrario. También puede observarse que las vocales (las columnas oscuras) sí coinciden, aunque sus duraciones pueden variar, y en el caso de «l» tampoco se nota una gran diferencia. Pero en las «t» originales (abajo) se ve una columna oscura muy fina a la derecha del segmento que en la inversión queda a la izquierda.

Otro aspecto relevante atañe a la prosodia: en el original la «a» inicial es intensa (oscura), y la final es clara y más larga, relación que se invierte en la imagen superior. Finalmente, la línea de puntos (que corresponde a la melodía, la altura del sonido), realiza un diseño asimétrico, con un descenso hacia el final en el original que se convierte en ascenso en la inversión.
En conclusión, queda claro que la posibilidad de la inversión especular de una secuencia de unidades del habla puede someterse a condiciones diferentes dependiendo del nivel en el que se centre: el sonido, los fonos, los fonemas, los grafemas o la imagen escrita.
Bibliografía
Étienne, L. (1987), «L’art du palindrome phonétique», en: OULIPO: La bibliothèque oulipienne. Volume 2, Paris: Ramsey, 1987, p. 161-183.
Serra, M., Verbalia. Juegos de palabras y esfuerzos del ingenio literario, Barcelona, Círculo de lectores, 2001.
Este artículo ha participado en el VII Concurso de Artículos de Divulgación Científica de la Universidad de Burgos.


