Autor: Antonio Mencía

Como mucho la catedral y ya… Esta es la expresión que muchos locales utilizan cuando algún familiar o alguna amistad demandan información para visitar la ciudad. En este artículo se presentan algunas de las claves que relacionan sociedad y conservación del Patrimonio.

Somos una población con un grandísimo complejo de inferioridad que minusvalora su Patrimonio demasiado habitualmente. Bien es cierto, que de este rechazo acostumbran a salvarse el patrimonio gastronómico y enológico, porque oiga, aquí se come y se bebe de maravilla.

Pero volvamos al principio, los/as burgaleses/as pecamos de excesiva modestia, como para ser capaces de presumir de lo que tenemos. Y, si somos de ese grupo de extraterrestres que velan por proteger el Patrimonio, hemos de saber que una sociedad que lo valora es un componente imprescindible para su conservación y que va a evitar muchos gastos al erario público. Esa valorización va más allá de tener una opinión sobre una obra realizada, como los encarnizados debates sobre la escalinata del Palacio de Justicia o la cubierta del monasterio de San Juan, opinión, por cierto, que debe ser tenida en cuenta para que este proceso que va a ser enunciado a continuación sea realmente eficaz y podamos hablar de una buena gestión patrimonial.

Se necesita ahondar en el conocimiento para que la ciudadanía sepa qué es eso del Patrimonio, del que todos/as tenemos y debemos tener algo que decir y que aportar. En primer lugar, el Patrimonio es una selección, atrás quedaron esos planteamientos que sentenciaban sin complejos “el legado heredado del pasado” como que aquello nos llegase por ciencia infusa. Pues no, existe un proceso de protección del Patrimonio que se asentó en España tal y como lo conocemos ahora a mediados del siglo XIX y se materializó en esos momentos, esencialmente a través de las declaraciones de Monumento Nacional, un proceso administrativo y legislativo que vela – pues es todavía hoy el mecanismo básico de salvaguarda –, teóricamente, por la preservación del bien declarado. Con el tiempo, el proceso se ha hecho más complejo y en la actualidad no solo es considerado Patrimonio una catedral, sino también una danza, un yacimiento o una fábrica de harinas y ahora no lo gestiona el Estado, pues hasta 1985 – con la entrada en vigor de la Ley de Patrimonio Histórico Español – era el único competente para efectuar declaraciones, lo que no quita que este pueda declarar en la actualidad, sino que las competencias han sido transferidas a las Comunidades Autónomas y el término genérico utilizado para referirse a los bienes integrantes del Patrimonio es Bien de Interés Cultural.

Ahora bien, producto de este proceso nos encontramos con un conjunto que se supone que representa la identidad de un determinado colectivo, sin embargo, puede ocurrir que una parte de la población no se sienta identificada con su Patrimonio, puede ocurrir, y de hecho, ocurre.

Entonces se hace necesaria una redefinición y reinterpretación (de nuevo se está seleccionando, tamizando) para que, por ejemplo, un edificio religioso sea igualmente apreciado, aunque sea por distintos valores, por un ateo que por un creyente, o que para que el Camino de Santiago  sea  entendido  como  algo  más que una ruta de peregrinación. Pero todo esto es “harina de otro costal” – o de otros como  la  Historia,  la  Historiografía,  la Geografía, la Antropología, la Sociología, la Educación,… Y se pueden añadir más. Y con todo, puede ocurrir que una persona jamás se sienta identificada con un determinado Bien de Interés Cultural, como aquellos antitaurinos que sepan que la Tauromaquia es un Patrimonio protegido en Castilla y León por iniciativa de la Junta de Castilla y León en este caso. Pero, lo cierto es, que cualquier persona o entidad puede realizar propuestas para que sea admitida a trámite una declaración, el resto corresponde ya a la Consejería de Cultura y Turismo.

Una vez contemplados estos supuestos, y si la protección ha llegado desde el consenso, nos encontramos con una ciudadanía que es consciente de ese Patrimonio, independientemente de lo que este fue en el pasado, con un claro componente elitista eso sí, que le hace en la actualidad poco integrador, de ahí, esa redefinición y reinterpretación que se pedía anteriormente. Es responsabilidad de todos/as protegerlo, pero también disfrutarlo y sentirse orgulloso de él. Esta expresión es un arma de doble filo, pues en una primera acepción puede ser definida como un exceso, creyéndose superior, pero, en segundo lugar, también, puede referirse a la satisfacción por un mérito propio o cercano. Quedémonos con esta opción que es a lo que pretendemos llegar y para lo que queda un largo camino por recorrer.

No consiste en destacar a la ciudad en sus glorias sino también navegar entre las tinieblas. Tan apreciables son las luces como las sombras, aunque estas se pretenden enmascarar y con ello desdibujar la realidad. A pocos kilómetros de la capital se encuentra el monasterio de San Pedro Cardeña que fue durante algunos años, campo de concentración franquista. Si se pretendiese obviar este episodio, además de falsear la Historia, estaríamos renunciando a conocer y comprender el pasado reciente. Aunque respecto a este periodo histórico, Burgos tiene mucho que aprender y asimilar.

Y de otros tantos también… y como muestra algunos datos de nuestra ciudad que pueden entenderse como curiosidades pero que realmente quieren demostrar un gran bagaje cultural que va mucho más allá de los monumentos. Por la zona de la calle Fernán González junto a la catedral y la iglesia de San Nicolás – con uno de los retablos pétreos más impresionantes del mundo – se imprimieron los primeros ejemplares de La Celestina, más allá de la tragicomedia de Melibea y Calixto, fue una publicación controvertida y revolucionario en su tiempo, allá por 1499, de hecho, lo es también hoy, pues temas como el aborto son tratados.

Siguiendo con el Patrimonio bibliográfico, Miguel de Cervantes, celebérrimo literato, fue elegido para denominar la biblioteca municipal del barrio de San Pedro de la Fuente. En Gamonal, se encuentra la biblioteca María Teresa León, destacada también de las Letras, tan desconocida en ocasiones ella como el propio edificio, y fue una mujer con una gran vinculación a Burgos y una de las protagonistas de las Vanguardias en España. Si se desea saber más sobre el Burgos de principios de siglo XX, la obra Memorias de una Burgalesa de María Cruz Ebro es un buen ejemplar. Todos ellos, son testimonios del cambio cultural, científico y técnico que vivió el mundo en aquellos años pese al inmovilismo endogámico español  y,  más  aún,  el  castellano,   otro ejemplo de ello es el Museo de Historia Natural del Instituto Cardenal López de Mendoza.

A poca distancia de este edificio se encuentra la catedral, que está a punto de celebrar el VIII centenario de la colocación de la primera piedra en 2021, volvemos, por tanto, al Patrimonio monumental. Reconocida como joya del gótico pero que destaca realmente por su prolongada vida en transformación, en contraposición, la cartuja de Miraflores es más desconocida, o al menos su notoriedad. Es un inmueble del siglo XV que apenas ha sufrido modificaciones y que se pueden visitar los sepulcros de los padres y el hermano de Isabel I, la Católica

Hay otras arquitecturas que permanecen en su lugar de milagro, o más bien, por el ahínco de personas e instituciones que eran conscientes de su potencial. El Museo de Burgos, se encontraba por los años 30 de la pasada centuria ubicado en el arco de Santa María, pero la casa de Miranda, situado en la calle del mismo nombre, su actual localización, a punto estuvo de ser muy diferente a como la conocemos ahora, pues su patio renacentista estuvo en trámites de venta a inversores extranjeros ya que era una propiedad privada que fue salvada por el Ayuntamiento. El Consistorio no siempre estuvo tan acertado, la corrupción y la especulación están en boga pero tienen una profunda raigambre, edificios como el Teatro Principal, la casa del Cordón o el hospital de la Concepción estuvieron en varios momentos, en el punto de mira para ser derribados.

Que ahora sean señalados como casos desastrosos, es fruto de la educación y la concienciación patrimonial. Por tanto, es imprescindible que seamos conscientes de la importancia de apreciar el Patrimonio y una de las herramientas con las que se puede trabajar, es el turismo. Conlleva lógicamente, una serie de inconvenientes, especialmente cuando este es masivo, pero también muchas ventajas, la primera, la rentabilidad, que en los tiempos neoliberales que corren parece que sea lo único importante, y más en un sector, el de la cultura, cada vez más denostado, arrinconado y castigado. Otros beneficios están en relación al intercambio cultural, pero además, repercusiones tangibles como la mejora de los equipamientos urbanos. En definitiva, todo este proceso de valorización del Patrimonio en el que está inmerso el turismo hace comprender mejor  la  ciudad,  actuar  sobre  ella  con mayor criterio, vivirla de distinta forma y mejorar la calidad de vida de la ciudadanía.