Autora: Marta Martínez Alonso
Recientemente nos sorprendió una noticia que parecía ser un hito en la historia y, especialmente, en la evolución de la genética: la “desextinción” del lobo gigante (dire wolf, también denominado lobo terrible). Sin embargo, profundizando en el tema, nos damos cuenta de que esta “desextinción” no es real. Se trata de la modificación genética de un lobo gris con los genes que muestran las características más relevantes de los lobos en extinción, como el pelaje blanco y la forma diferencial del cráneo, entre otros. Esto es, insertar trozos de ADN del lobo gigante, en el ADN del lobo gris.
Para ello, se ha utilizado la herramienta de edición genética llamada CRISPR (Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats, o Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas y Regularmente Espaciadas). Estas secuencias de ADN repetidas se encontraron en el genoma de algunas bacterias y se descubrió que pertenecían a virus que habían infectado a dichas bacterias en el pasado. Es decir, las bacterias habían captado y conservado parte del ADN de estos virus. A partir de aquí, se estudió este mecanismo, que consiste en la acción de una enzima llamada Cas9, comúnmente llamada “tijeras moleculares”. Cas9 es capaz de reconocer el lugar exacto de una mutación, cortar, editar y corregir ese ADN dañado para repararlo. Es decir, hacer el clásico Ctrl+C – Crtl+V de un texto o una imagen.

Pero volviendo al lobo gigante, lo que la empresa Colossal® ha hecho, es algo similar a utilizar el chasis del clásico Renault 5 de los ochenta y completarlo con las piezas modernas y actuales del nuevo R5. O como si eligiéramos un único fideo de chocolate y lo pusiéramos en una tarta Muerte por chocolate. Evidentemente, de esta forma no podemos decir que hemos “revivido” el clásico R5, ni que la presencia de ese fideo determina el sabor de la tarta de chocolate, pero sí podemos decir que se parece o que aporta.
En total, tan sólo han modificado 20 posiciones en 14 genes, de los 19.000 presentes en los cánidos, lo que equivale a modificaciones en el 0.007 % de su código genético. Esto equivale a quedarnos con 3.5 cm de un cable de 5 m de largo. Si consideramos que el código genético del ser humano coincide en un 99.9 % con el de otros seres humanos, en un 99.7 % con el de los extintos Neandertales y en un 98.8 % con el de los chimpancés, ¿podría la ingeniería genética “desextinguir” a otras especies desaparecidas de homínidos? ¿O crear seres humanos “bajo demanda”?
A simple vista parece fácil. Bastaría con extraer parte del ADN de “Miguelón” e introducirlo en el ADN de un Homo Sapiens utilizando la misma técnica. Pero seamos realistas, aunque el reto científico es impresionante…, ¿os imagináis a un Neandertal paseando por Burgos junto a su perro Toby, vestido con unos Levis®, y comiendo Tofu? Pues eso, que no sólo se trata de recuperar, revivir o desextinguir una especie, sino de que su momento ha pasado. El lobo gigante vivió hace más de 10.000 años, cuando el mundo era muy diferente. Ahora, los adorables Rómulo, Remo y Khalessi viven y crecen felices, aislados del mundo real, protegidos de los periodistas y curiosos, así como de otros posibles depredadores.
Pero todo este asunto, en realidad, nos lleva a una gran pregunta: ¿Juegan los científicos a ser Dios?
La respuesta a esta pregunta no es trivial. De hecho, este es un debate que deja las puertas abiertas a un futuro incierto. Sin embargo, podemos simplificar un poco las cosas y acercarnos a otros campos del conocimiento menos controvertidos. Siguiendo con la ciencia, ¿qué hace un químico sintético? Pues como podéis imaginar, sintetizar. Y la mayor parte de las veces, sintetizar algo nuevo, algo que nadie ha hecho antes; jugar a unir átomos para dar sentido a esas nuevas moléculas, que en un futuro serán un medicamento, un aroma, un veneno o un tinte, por ejemplo. Y esto es crear. ¿Qué hace un programador? De nuevo, como su nombre indica, programar. Programar un código nuevo, unir ceros y unos para ejecutar un software novedoso, o para solucionar un problema que hasta ahora no tenía solución. ¿Y un arquitecto? Diseña y crea nuevas estructuras, nuevos materiales y desafíos para hacer edificios cada vez más altos, más sostenibles o estéticamente más sofisticados. ¿Es esto jugar a ser Dios?
Nos podemos alejar un poco de la ciencia, y centrarnos en el arte y la cultura. ¿Qué hace un escultor? Imagina, crea. Crea algo nuevo, de cero, a partir de un trozo de madera, de yeso, o incluso de piedra. ¿Y un cocinero? Crea platos nuevos, con nuevos sabores, y aromas, mezclando ingredientes y técnicas cada vez más avanzadas. ¿Es esto jugar a ser Dios?
¿Podríamos decir entonces que es el ser humano, su naturaleza, la que tiende a jugar a ser Dios? No lo sabemos, pero lo que está claro es que el ser humano parece no tener límites, y su curiosidad por explorar y crear cosas nuevas es lo que nos lleva al desarrollo de la humanidad, de la ciencia y la tecnología… ¿O quizás no?
Bibliografía
- Los expertos cuestionan que una empresa haya «desextinguido» a los lobos terribles. Victoria Gill. BBC News. https://www.bbc.com/mundo/articles/cn80rnxxeg1o
- Colossal Biosciences. https://colossal.com/direwolf/
- ¿Qué es la tecnología CRISPR? Bayer Comunicación. https://www.bayer.com/es/es/blog/espana-que-es-la-tecnologia-crispr
- CRISPR. Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/CRISPR
Artículo finalista del VIII Concurso de Artículos de Divulgación Científica de la Universidad de Burgos.

